Más allá del capitalismo

Más allá del capitalismo

 

Un área de crucial importancia que enfrenta la teoría marxista se refiere a los contornos que debiese tener una sociedad superadora del capitalismo. En otras palabras: cuáles serán las características de las futuras sociedades socialistas.

Se necesita dar respuestas a preguntas tales como: ¿qué rol jugará el mercado en ese tipo de sociedades? ¿Cuál será el papel que se asignará al Estado y su burocracia? ¿Será la industrialización de la economía, tal como lo fue durante el siglo XX, parte del programa de construcción socialista? En síntesis, ¿cuál será la ley de desarrollo que regirá a este tipo de sociedades? Por supuesto muchas preguntas no tienen respuesta definitiva a priori, so pena de caer en un ejercicio idealista; pero también es cierto que hay mucha experiencia histórica que al menos permite delinear respuestas tentativas en un marco materialista.

Lo fundamental desde una perspectiva socialista es, una vez derribada la burguesía, poner en práctica en lo económico instituciones sociales y mecanismos alternativos al mercado que lo sustituyan como eje articulador de la producción de la vida -en sus ámbitos material y no material-, y que al mismo tiempo aseguren al ser humano libertad, desarrollo integral de sus capacidades y el control y participación colectiva-consciente en los procesos de reproducción social, económicos, políticos, culturales, etc.

En ese sentido, dos elementos no podrían dejar de estar presentes en un programa de construcción socialista: el antimercantilismo y el antiestatismo.

El primero dirigido principalmente contra la arremetida del capital que buscó mercantilizar el conjunto de las relaciones sociales, ante lo cual se requiere contraponer formas de control comunitario para los problemas que surgen de la vida en sociedad. Principalmente -aunque no solo- contra la reacción burguesa. Una de las salidas que las burocracias de los regímenes poscapitalistas ensayaron como solución a los problemas que aquejaban a ese tipo de sociedades, fue la paulatina introducción de relaciones de mercado. Esta fue una de las causas que detonó su colapso, llevando finalmente a la restauración del capitalismo.

En cuanto al antiestatismo, va dirigido contra el fracaso de los experimentos de sociedades poscapitalistas, que en nombre del socialismo buscaron subsumir las prácticas liberadoras surgidas de los procesos revolucionarios y encauzar los procesos de transformación social exclusivamente dentro los márgenes del Estado. Un Estado posburgués sin duda, pero Estado al fin y al cabo.

Al respecto el filósofo yugoslavo Svetozar Stojanovic hacía notar que, paradójicamente, y a pesar de ser “concebido en su origen como una teoría radicalmente antiestatal, el marxismo ha servido, sin embargo, como base al estatismo”.(1)

La experiencia histórica demuestra que la propiedad estatal de los medios de producción no es una condición suficiente para la superación efectiva del mercado y la instauración de una economía socialista. La tragedia del socialismo en el siglo XX enseña que cualquier facilismo que pretenda reducir el socialismo a la mera estatización de los medios de producción, está destinado a fracasar en la construcción del proyecto emancipador socialista.

 

DISCUSION EN EL

MARXISMO CLASICO

Para Engels la propiedad estatal ofrecía una solución a las contradicciones capitalistas solo en su aspecto formal, mas no en su contenido.(2) En los clásicos del marxismo la supresión de la propiedad privada de los medios de producción y la toma de posesión por parte del Estado debían ir necesariamente ligadas a un profundo cambio en la naturaleza de esta institución.

En vísperas de la revolución de octubre, Lenin enfatizó que la dictadura del proletariado no era sino la construcción de un no-Estado sobre las ruinas de la maquinaria estatal burguesa. Esta nueva institución la proveía la autoorganización de la clase trabajadora en los soviets.

A propósito de la degeneración burocrática en la URSS, Trotsky razonaba de la siguiente forma: “Para que la propiedad privada pueda llegar a ser social, tiene que pasar inevitablemente por la estatalización… (Sin embargo) la propiedad del Estado no es la de ‘todo el pueblo’ más que en la medida en que desaparecen los privilegios y las distinciones sociales y en que, en consecuencia, el Estado pierde su razón de ser”. Dicho de otra manera: la propiedad del Estado se hace socialista a medida que deja de ser propiedad del Estado.(3)

 

EL PODER POPULAR

La organización que se adopte en el ámbito de las instituciones políticas no es neutral a los objetivos del socialismo. Esta se debe insertar en la búsqueda de la plena realización de la libertad y las capacidades del ser humano. Por lo tanto, el poder popular es un fin en sí mismo que asegura la materialización de esos objetivos.

El socialismo es una sociedad en la que el poder popular es la forma de organización política como práctica real y efectiva. Todo lo que signifique coartar la participación popular en la toma de decisiones debe ser visto con desconfianza. El afianzamiento del socialismo tenderá a diluir la institución estatal y sus funciones en la auto-organización popular. En este sentido, la política socialista de participación popular tendrá desde el comienzo una vocación antiestatista.

Este doble ataque, al mercado y a la institución estatal, parecerá extraño desde la perspectiva burguesa, la cual funciona bajo la dicotomía mercado/Estado. Para ésta es uno u otro, la disminución del ámbito de acción del mercado lleva necesariamente a reafirmar y a extender el poder del Estado, y viceversa. Sin embargo, desde la perspectiva marxista ambos son elementos imbricados que se complementan entre sí. La abolición y superación del mercado nunca fue concebida en esta tradición como un reemplazo por una institución tan enajenante y enajenada como el Estado. De hecho, las dos instituciones debían desaparecer en el horizonte comunista.

Esta línea de acción se enmarca dentro de la aspiración última del socialismo, que no es sino la superación de la alienación del trabajo y la liberación de todas las potencialidades creadoras de la Humanidad.

 

SEBASTIAN ZARRICUETA CABIESES (*)

Estudios Nueva Economía, ENE

 

(*) Parte de la ponencia presentada en la sesión dedicada al socialismo del curso de formación política organizado por el Centro de Estudios Equidad, Universidad Católica de Valaparaíso, 10/6/2016.

 

Notas

(1) Svetozar Stojanovic: Crítica del socialismo de Estado, Editorial Fundamentos, Madrid, 1972, p. 17.

(2) Federico Engels: Anti-Dühring, Editorial Grijalbo, México D.F., 1968, p. 276.

(3) León Trotsky: La revolución traicionada, Fundación Federico Engels, Madrid, 2001, p. 203.

 

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 856, 22 de julio 2016.

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Published on: Agosto 6, 2016

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